Su madre y ella se iban de la ciudad, otra vez.
Ya no era nada sorprendente. Lo sorprendente habría sido quedarme mas de dos meses. Su padre había vuelto a hacer de las suyas. Si prentendía que volviera con el, no lo conseguiría. Cada vez era mas difícil esquivarle. Calculó que en menos de un año ya nos habíamos cambiado de localidades siete veces. Pero su padre siempre encontraba el modo de dar con ellas. Pronto nos quedaríamos sin dinero, porque trasladarse de un lugar a otro es muy caro. Ella quería ponerse a trabajar, pero su madre quería que siguiera con una vida normal. Si, lo normal era estudiar en casa con unos libros que nos prestaba la vecina de cuando su sobrino estudiaba en la escuela. Pero no tenía amigos, se quedaba todas las tardes después de estudiar leyendo y reyelendo libros.
Deja de observar con cara de boba a la pared de enfrente de su cama para terminar de recoger mis escasas pertenencias. Mi madre esta hablando con nuestra casera para pedirle que tenga total discrepción si viene un hombre con pinta de rico y pregunta por nosotras. Seguramente nos faltarán algunas monedas mas. Lo comprendo, estábamos en un mundo donde hasta lo mas pequeño costaba dinero. Y el dinero iba a parar al castillo del Jefe Supremo. Pensar en el le producía escalofríos.
En el pasado, como comprendió al leer unos libros de historia, no era como ahora. España fue uno de los países importantes, donde iban muchas personas de países extranjeros y teníamos mucho dinero. Pero la gente empezó a gastar mas de lo que había, porque cuando uno tiene dinero y ve que no se acaba, quiere mas y mas. Yo nací en la transición, antes de que llegarámos a esta situación. Su padre pertenecía a un grupo que vivía al margen de la sociedad, hacía los trabajos sucios para el Jefe Supremo, conseguía mucho dinero, pero su madre se separó de él porque no quería tener nada que ver con aquello. Y ella era tan pequeña que no sabía nada de nada.
Dobla la ropa con cuidado y pone los escasos libros que tiene dentro de ella y cierra la cremallera. Cree que su madre ha terminado de hablar, porque ya no oye voces. Mira por última vez su habitación antes de bajar las destartaladas escaleras de madera. Sonrié de forma forzosa a su madre mientras salen por la puerta. Como deben tener cuidado, andarán por las zonas menos transitadas y por suerte, al ser de noche, no las verán demasiado.
-Annkate, lleva este arma en el bolsillo interior de tu chaqueta. En este lugar son mas peligrosos que en los que hemos estado antes.-Dice su madre mientras le entrega una pistola.
La niña se la queda mirando durante un rato, preguntándose si sería capaz de disparar a alguien con eso. Calculando, deberían llegar al puesto de traspaso cuando estuviera amaneciendo, una vez hubieran pagado, deberían encontrar un lugar barato donde quedarse, a lo mejor su madre y ella tendrían que vivir en la trastienda de un bar de mala muerte mientras una de las dos trabaja como camarera. Caminaron en silencio. Pensó de nuevo en su padre.
No tenía demasiados buenos recuerdos de su padre, solo cuando se marchó de casa asegurando que volvería a por ella. Y ese mismo día, su madre y ella se marcharon de la casa. Era terrible que su padre volviera a por ella hacía ya un año solo por querer casarla con un ricachón. Muchas chicas que vivían en la misma situación que ella: teniendo que compartir una estrecha habitación con su madre, viviendo con una mujer que tiene miles de gatos y que se meten entre tu ropa para destrozarla...Desearían casarse con un chico que tuviera dinero, para poder tener una vida digna, y que mejor que estar mas cerca del Jefe Supremo, para contar con los favores de la nobleza. Y mejor todavía si el chico era atractivo.
Pero ella confiaba en el amor verdadero. Había oído hablar de el en los libros que había podido leer. Quería sentir aquella sensación de mi corazón bombenado a mil, sentir mariposas en el estómago cada vez que mirara al chico que le gusta a los ojos. No poder comer ni pensar en otra cosa cuando el no esta a su lado. Al cabo de unas horas, en las que no sentía las piernas y los movimientos eran mecánicos, vieron la estación iluminaba por las luces fosforescentes de color morado. Ambas se miraron con una media sonrisa en el rostro.
El hombre calvo y con aspecto de medio dormido, subió la ventanilla para ver que querían. Miró el dinero y después señaló que el precio había subido la mitad. Annkate estaba sorprendida, desesperada, a partes iguales. Porque se habían llevado el dinero justo para poder pagar la entrada y buscar un lugar donde pasar otros dos meses.
-Esta bien...-Dijo la mujer con la voz cansada mientras le tendía los billetes al hombre.
Este no dijo nada. Pulsó el botón que subía las puertas y ambas salieron a la oscuridad de la nueva ciudad. Los edificios eran como sombras acechantes que se elevaban hasta tocar el cielo. Tenía mejor aspecto que su antigua ciudad. Miraba por todos lados, a hombres que les silbaban cosas, alguno le tocó indevidamente. Apretó la pistola contra sus delgados dedos pensando seriamente en dispararle a la cara. Pero sabía que llamaría demasiado la atención, y que les llevarían a la comisaria o les atacarían todos a la vez.
O acabar en el correccional, no te olvides. Se dijo a si misma y su rostro se quedó en blanco. El correccional era el peor sitio de todos. Allí enviaban a los chicos y chicas de su edad que habían cometido algún delito. Eran separados de los adultos de los adultos. Las chicas que mejoraban su comportamiento y respondían correctamente a los tratamientos, serían llevadas a casarse. Las que no, se quedarían allí o les llevarían a las ciudades mas pobres para trabajar en las empresas de electricidad. Y los chicos eran preparados físicamente para ser llevados al ejército. Porque el Jefe Supremo preparaba las tropas para ir a otros contientes como Francia, para conquistar mas territorios.
SSSu madre entró dentro de un bar de mala muerte donde la gente daba gritos a diestro y sinistro y algunos estaban desmayados en el suelo por la borrachera. La mujer se dirigó a la barra y habló con el hombre que limpiaba los vasos. Ambos miraron a Annkate, la cual estaba ocupada esquivando a borrachos por el suelo. Sus miradas no deparaban nada nuevo.
-Annkate, tenemos habitación para hoy. Pero tendrás que trabajar durante las noches mientras yo busco por otro lugar.
Ella asintió mientras se dirigían a la parte trasera del restaurante.
¿Que tipo de trabajo le habrá encontrado su madre? ¿Por que ambos le miraban de aquella forma? Más en el próximo trabajo...
Dobla la ropa con cuidado y pone los escasos libros que tiene dentro de ella y cierra la cremallera. Cree que su madre ha terminado de hablar, porque ya no oye voces. Mira por última vez su habitación antes de bajar las destartaladas escaleras de madera. Sonrié de forma forzosa a su madre mientras salen por la puerta. Como deben tener cuidado, andarán por las zonas menos transitadas y por suerte, al ser de noche, no las verán demasiado.
-Annkate, lleva este arma en el bolsillo interior de tu chaqueta. En este lugar son mas peligrosos que en los que hemos estado antes.-Dice su madre mientras le entrega una pistola.
La niña se la queda mirando durante un rato, preguntándose si sería capaz de disparar a alguien con eso. Calculando, deberían llegar al puesto de traspaso cuando estuviera amaneciendo, una vez hubieran pagado, deberían encontrar un lugar barato donde quedarse, a lo mejor su madre y ella tendrían que vivir en la trastienda de un bar de mala muerte mientras una de las dos trabaja como camarera. Caminaron en silencio. Pensó de nuevo en su padre.
No tenía demasiados buenos recuerdos de su padre, solo cuando se marchó de casa asegurando que volvería a por ella. Y ese mismo día, su madre y ella se marcharon de la casa. Era terrible que su padre volviera a por ella hacía ya un año solo por querer casarla con un ricachón. Muchas chicas que vivían en la misma situación que ella: teniendo que compartir una estrecha habitación con su madre, viviendo con una mujer que tiene miles de gatos y que se meten entre tu ropa para destrozarla...Desearían casarse con un chico que tuviera dinero, para poder tener una vida digna, y que mejor que estar mas cerca del Jefe Supremo, para contar con los favores de la nobleza. Y mejor todavía si el chico era atractivo.
Pero ella confiaba en el amor verdadero. Había oído hablar de el en los libros que había podido leer. Quería sentir aquella sensación de mi corazón bombenado a mil, sentir mariposas en el estómago cada vez que mirara al chico que le gusta a los ojos. No poder comer ni pensar en otra cosa cuando el no esta a su lado. Al cabo de unas horas, en las que no sentía las piernas y los movimientos eran mecánicos, vieron la estación iluminaba por las luces fosforescentes de color morado. Ambas se miraron con una media sonrisa en el rostro.
El hombre calvo y con aspecto de medio dormido, subió la ventanilla para ver que querían. Miró el dinero y después señaló que el precio había subido la mitad. Annkate estaba sorprendida, desesperada, a partes iguales. Porque se habían llevado el dinero justo para poder pagar la entrada y buscar un lugar donde pasar otros dos meses.
-Esta bien...-Dijo la mujer con la voz cansada mientras le tendía los billetes al hombre.
Este no dijo nada. Pulsó el botón que subía las puertas y ambas salieron a la oscuridad de la nueva ciudad. Los edificios eran como sombras acechantes que se elevaban hasta tocar el cielo. Tenía mejor aspecto que su antigua ciudad. Miraba por todos lados, a hombres que les silbaban cosas, alguno le tocó indevidamente. Apretó la pistola contra sus delgados dedos pensando seriamente en dispararle a la cara. Pero sabía que llamaría demasiado la atención, y que les llevarían a la comisaria o les atacarían todos a la vez.
O acabar en el correccional, no te olvides. Se dijo a si misma y su rostro se quedó en blanco. El correccional era el peor sitio de todos. Allí enviaban a los chicos y chicas de su edad que habían cometido algún delito. Eran separados de los adultos de los adultos. Las chicas que mejoraban su comportamiento y respondían correctamente a los tratamientos, serían llevadas a casarse. Las que no, se quedarían allí o les llevarían a las ciudades mas pobres para trabajar en las empresas de electricidad. Y los chicos eran preparados físicamente para ser llevados al ejército. Porque el Jefe Supremo preparaba las tropas para ir a otros contientes como Francia, para conquistar mas territorios.
SSSu madre entró dentro de un bar de mala muerte donde la gente daba gritos a diestro y sinistro y algunos estaban desmayados en el suelo por la borrachera. La mujer se dirigó a la barra y habló con el hombre que limpiaba los vasos. Ambos miraron a Annkate, la cual estaba ocupada esquivando a borrachos por el suelo. Sus miradas no deparaban nada nuevo.
-Annkate, tenemos habitación para hoy. Pero tendrás que trabajar durante las noches mientras yo busco por otro lugar.
Ella asintió mientras se dirigían a la parte trasera del restaurante.
¿Que tipo de trabajo le habrá encontrado su madre? ¿Por que ambos le miraban de aquella forma? Más en el próximo trabajo...
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